"Tardes de otoño", capítulo quince
¡Anteúltimo capítulo (sin contar el epílogo, jejeje)!Este es otro de los mejores capítulos de la historia (aunque ya lo he confesado, mi preferido es el dieciséis), ¡no se lo pueden perder!Como les adelanté el miércoles, tras Tardes de otoño, se viene una nueva publicación a elección de los lectores. No se olviden de inform sobre las opciones en y de votar en el espacio habilitado para hacerlo, debajo de los book trailers. Tendrán novedades pronto acerca de este nuevo proyecto, recuerden que tan sólo quedan esta y dos entradas más de Tardes de otoño. ¡No se las pierdan! Me despido de ustedes hasta la próxima entrega, con todo mi agradecimiento por la constancia de los que siempre vuelven a leerme y con el deseo de que, los que son visitantes esporádicos, se atrevan a leer desde el y dejarme sus comentarios. Son muy importantes para que pueda crecer en mi pasión, la escritura.¡un abrazo!En el capítulo anterior: Después de haber recibido el llamado de advertencia del padre de Josh, a quien Lilly creía muerto, ella se ha propuesta conocer la verdad. ¿Podrá hacerlo? QUINCE (Obra con derechos de autor, depósito N° 932265 en la Dirección Nacional de Derechos de Autor de la República Argentina. Toda reproducción total o parcial, literal o imitativa, sin el consentimiento de la autora en caso de ser comercial o sin la referencia a la fuente correspondiente en otros asuntos será penada legalmente)Mientras conducía, Josh recordaba las súplicas de Lilly, su rostro bañando en lágrimas, su miedo. Y eso le daba la fuerza necesaria para saber que tenía que resistir y regresar. Priorizar su vida por sobre todo lo demás, porque tenía una esposa y un hijo que esperaban su llegada, porque él le importaba a alguien. Josh ya sabía que, después de su partida, Lionel no había puesto a nadie a cargo de su empresa, ni siquiera a Richard Hunt. Se lo había confirmado Tamara gracias a sus conexiones. Por primera vez en mucho tiempo, Lionel intentaba llevar adelante sus negocios solo, por lo cual Josh tenía la garantía de que presionarlo sería mucho más sencillo de lo que pensaba, pues conocer al enemigo siempre era una gran ventaja, y vaya si él conocía a Lionel Wells. Él, además, había sido entrenado para presionar. Luego quedaba Richard Hunt, pero quizás dejara que Tom se encargara personalmente de ese asunto mientras él se aseguraba la protección de Lilly. De Wells, sin embargo, debía y quería encarg personalmente. Estacionó su automóvil en un callejón sin salida y revisó el bolso que le había dado su tío con lo que Tom había preparado para él. Todo estaba en perfectas condiciones, y hasta el uniforme había sido usado. Se lo colocó sobre la camisa y los pantalones vaqueros y constató que su pistola estuviera cargada y en el sitio indicado, en caso de que la necesitara. En el bolso también halló una caja de herramientas y un teléfono celular. Tal como habían acordado, lo encendió y revisó las coordenadas en un mensaje de texto que Tom había guardado. Se colocó las gafas de sol, la gorra de la compañía ficticia de reparaciones y bajó del auto. Se dirigió a la puerta de servicio con paso tranquilo, sin apuro. Todavía faltaban cinco minutos para la hora acordada, de modo que fingió fumar un cigarrillo antes de acerc. En ese tiempo vio que la puerta se abría y que del interior del edificio salían dos mujeres que conversaban y luego se alejaron tomando el rumbo contrario al sitio en que él se encontraba. No las reconocía. Cuando el reloj marcó la hora exacta, Josh caminó cabizbajo hacia la entrada y golpeó tres veces espaciadamente. Poco después, la puerta se abrió. El japonés, vestido con el uniforme de limpieza, le dijo hola en su idioma, a lo cual Josh respondió con la misma palabra, como cada vez que se habían comunicado por teléfono, incluso a veces desde el trabajo, pero como hablaban en japonés y el muchacho conversaba y reía como si estuviera hablando con un hermano o un amigo, nunca habían levantado sospechas. —¿Está aquí? —preguntó Josh. —En su oficina —respondió el chico. Tenía el cabello recortado a la altura de las sienes, un cabello lacio, fino y negro, como solía ser el de los orientales. La cara marcada por el acné, la piel muy blanca y el cuerpo muy delgado. No medía más de un metro sesenta de estatura. Josh lo siguió hasta el ascensor de servicio, donde el muchacho lo abandonó. Josh había presionado el botón que lo llevaba al piso correspondiente, aunque el ascensor se detuvo dos veces antes de llegar al sitio indicado. La primera vez subieron dos empleados que él reconoció al instante, por eso agachó la cabeza y, gracias a la visera de la gorra, pasó desapercibido. Luego subió una de esas secretarias voluptuosas que siempre lo rodeaban. Si la chica lo reconoció, no dio señales de haberlo hecho, y descendió apenas un piso después del que había subido. Ahora sólo esperaba que el plan para apartar a Fancy Liberman, la secretaria de Wells, diera el resultado esperado. Akihiro había dejado a Josh en el ascensor de servicio mientras él daba una señal por radio a Meredith, su compañera, que era una secretaria de menor rango que Fancy, pero igualmente encantadora. Esta se aproximó a la mujer, fingió que le entregaba unos papeles, pero en el movimiento inclinó demasiado su taza de café. —¡Cuidado! —gruñó Fancy al ver la mancha oscura que cubría su seno izquierdo. Meredith se cubrió la boca con su mano libre y abrió mucho los ojos, sorprendida. —¡Cuánto lo lamento! —exclamó. Fancy se puso de pie y huyó al baño. Meredith sonrió y presionó un botón de su intercomunicador. La sala estaba liberada. Cuando Josh llegó al piso de Wells, la sala estaba completamente vacía. Se encaminó velozmente a la puerta de la oficina y la abrió de un tirón. Nada había cambiado. Todo parecía estar en su sitio, tal como él lo había dejado. Sólo él era distinto, el aire frío de esa oficina le causó escalofríos, y se dio cuenta de que no extrañaba esa vida, ni la quería de regreso. ¿Qué pediría entonces a cambio de su falso silencio? —Hazme un masaje, Fancy —ordenó Lionel, todavía enfrascado en su lectura. Se hallaba sentado en su escritorio, con el inmenso vent tras su cabeza, por donde penetraban algunos rayos del sol de la mañana. —No soy Fancy —gruñó Josh con voz fría—, y no me gusta hacer masajes. Lionel levantó la cabeza, alarmado. Conocía esa voz, y lo comprobó cuando josh se quitó la gorra y las gafas, y lo apunto con un arma. —Ni siquiera lo pienses —advirtió. Lionel, que había bajado un brazo hacia el botón que se hallaba ubicado debajo del escritorio y accionaba una alarma, levantó la mano lentamente. Josh conocía muy bien esos secretos de aquella oficina que había sido la suya. —¿Cómo entraste aquí? —bramó el hombre, esbozando una sonrisa cautelosa—. ¿Acaso desconoces el doento que te ordena mantenerte lejos de mis oficinas y de cualquiera de mis dependencias? Me has robado. Josh no le daría el gusto de enfurecerse. —Tú me has robado —recriminó, dando un paso adelante, con la pistola en alto—. Casi ocho años de mi vida, y voy a cobrármelos. Lionel rió. —¿Y qué piensas hacer, pegarme un tiro? —se burló. —Fui tu esclavo, tu fachada —continuó Josh, dando otro paso hacia él—, me tenías dirigiendo tu empresa ficticia y entregando tus presentes a las viudas de los hombres que asesinabas mientras Hunt vendía tus artefactos de guerra, ¿me equivoco? —esperó para continuar, dando otro paso—. Como sabías que me estaba acercando a la verdad, te deshiciste de mí. —Deberías agradecer que te dejamos vivo —se burló de nuevo Lionel—. Si hasta ya teníamos preparado el presente para tu viuda. Josh también sonrió. —Lo sé —afirmó—. Lo he visto, gracias. Es precioso. ¿Por qué no envías uno a tus amantes cuando estés en la cárcel? Lionel rió abiertamente, con una carcajada grotesca y larga. —Sabes demasiado —dijo—. Si no fuera por tu padre, nos habríamos deshecho de ti hace tiempo. Josh prefirió ignorar toda referencia a su padre, de lo contrario habría sido perjudicial para sus propósitos, porque todo cuanto incluía a Samuel Mallory calaba hondo en su memoria. —Me has robado ocho años de mi vida —dijo, dando otro paso adelante—, y me los pagarás, o te convertirás en un broche de oro en una caja. Lionel se respaldó en su alto sillón de cuero y se cruzó de brazos. —Y dime, valiente —se burló—. ¿Qué es lo que quieres? ¿Cuánto vale mi vida en tus manos? ¿Tu mansión? —arriesgó—. ¿Tu dinero? Josh tenía la oportunidad de reclamar lo que era suyo, lo que le correspondía, lo que se había ganado por derecho. Porque él había trabajado honestamente, defendiendo una compañía que creía verdadera. Pero el recuerdo de la infelicidad vivida en abundancia lo previno de hacerlo. ¿Volver a ser la señora Mallory? ¡Pues no, gracias! Yo no la quiero. ¡Te quiero a ti! Quiero al Josh que conocí. Yo siempre veré en ti a ese chico que me robó un beso en una fiesta. —¿Qué quieres, Mallory? —Quiero un millón de dólares, una computadora portátil y una conexión libre a Internet. Lionel enarcó las cejas. Lo que oía le parecía apenas una broma, una mala jugada del que siempre había creído su as en la manga. Lo manifestó soltando otra risa enronquecida. —¿Sólo eso? —preguntó, divertido. —Sólo eso —respondió Josh muy seriamente—. Pero lo quiero ahora y en efectivo. Lionel ladeó la cabeza. —Es mucho dinero para la caja fuerte de mi oficina. Tendré que usar el teléfono —anunció, pero no se movió hasta no haber preguntado lo que quería—. ¿Has planeado esto por mucho tiempo, no es así, Joshua? Josh suspiró. —Tal como tú planeabas tus entregas, tal como ideaste el horrible mensaje que enviabas con un broche de oro a una viuda. Lionel sonreía. —Los de afuera siempre han pagado mejor que el gobierno —se defendió—. Y además siempre había soñado con tener mi propio código. Cualquiera que sabía lo que significaba ese broche se cuidaba de no enojarme. Y tú casi lo consigues, pero lo cierto es que ahora me estás haciendo divertir muchísimo. ¡Mira que tomarte toda esta molestia para pedirme apenas un millón de dólares y una computadora! —Y una conexión libre a Internet —corrigió Josh. —Y una conexión libre a Internet —repuso Lionel, tomando el teléfono—. Siempre fuiste así de impredecible, eso era lo que me gustaba de ti. Lionel marcó un número. Ordenó lo que Josh le había pedido sin levantar ninguna sospecha, luego cortó y volvió a respald en el sofá. —Puedes bajar el arma —se rió—, no sea que te acalambres el brazo —Josh no obedeció, pues Lionel también era impredecible. —Tenías que asegurarte de que no te trajera problemas, por eso me lo quitaste todo, ¿verdad? El dinero es poder. —¡Ah, qué sentimental te has vuelto, Joshua! —rió Lionel—. Casi me das lástima. Pasaron algunos minutos antes de que resonaran tres golpes a la puerta. —Debe ser tu ordenador y tu dinero —anunció Lionel—. ¿Quieres recibirlo? —Recoge todo sin que entre —le ordenó Josh a Lionel—. Y cuidado con los gestos. Lionel se puso de pie y se acercó a Josh, que había bajado el arma. Colocó una mano sobre su hombro y le dedicó otra de sus sonrisas. —Yo jamás te traicionaría. Amigo —dijo. —¡Venga esa mano! Amigo. Eso le había dicho Lionel a Fries antes de que apareciera muerto, durante un partido de tenis, apoyando una mano sobre el hombro del cuerpo que al día siguiente sería un cadáver. Era un aviso. Era un mensaje, como el broche a las viudas. Era otro código mafioso. —¿Conforme? —preguntó Lionel a Josh, entregándole el dinero en un maletín abierto y la computadora. Josh vació la caja de herramientas y luego volcó el contenido del maletín en ella junto con la computadora. La recogió y volvió a preparar su arma. Fruncía el entrecejo. —¿Dónde está Hunt? —preguntó, experimentando en todo su cuerpo una señal de alarma. —¡Demonios! —exclamó Lionel. Esbozaba una sonrisa triunfal—, creí que nunca lo preguntarías —se miró distraídamente las manos—. Me dijo que visitaría a unos viejos conocidos en las afueras de la ciudad —miró la hora en su reloj pulsera—. En este momento, imagino que deben estar bebiendo un rico té de campo. Todo cuanto ocupó la mente de Josh a partir de ese momento fue Lilly. Corrió por las escaleras de emergencia para evitar la espera del ascensor y del mismo modo llegó hasta su automóvil. Nadie lo detuvo, de modo que supuso que Lionel deseaba que así fuese. Quería verlo padecer, quería matar a Lilly delante de sus ojos, o matarlo a él delante de los de ella. Por eso lo dejaba irse, pero no contaba con que Josh también era impredecible. —¡Tom! —habló al teléfono celular mientras ponía en marcha el auto—. ¿Lo oíste? ¡Hunt irá tras Lilly! —Estamos alistándonos, Josh —habló Tom del otro lado de la línea. Por los ruidos y la interferencia, Josh se dio cuenta de que se hallaba rodeado de agentes que se colocaban los chalecos antibalas y se preparaban efectivamente para la partida—. Enviaré a Tamara para que saque a los Lahn de la granja. Cuando Lilly se quedó dormida, Catherine se fue a su casa. No quería dejarla demasiado tiempo sola, pero tenía que preparar el almuerzo para Charles y para su hija. Pensaba hacerlo lo más rápido posible y luego convencer a Lilly de que se quedara con ella en su casa. Como dormía, Lilly no escuchó los golpes a la puerta. —¡Lilly! —gritó Tamara—. ¡Lilly! Al no obtener respuesta, abrió la puerta de un tirón y se introdujo en la cabaña. Llevaba un abrigo marrón y su largo y ondulado cabello rojizo suelto, el cual se meció abruptamente por el movimiento. Corrió rumbo a la escalera caracol mirando alternadamente hacia el comedor, el baño y la cocina para comprobar que ella no se hallara en ninguno de esos ambientes. Como los vio vacíos, subió al cuarto. —¡Despierta, Lilly! —gritó cuando vio el bulto en la cama—. ¡Vámonos! Lilly abrió los ojos. —¿Tamara? —musitó. —Tienes que venir conmigo —ordenó la pelirroja, que era pariente de los McCarthy—. ¡Arriba! Tironeó del brazo de Lilly, quien, comprendiendo que algo grave sucedía, saltó de la cama tan rápido como pudo. Bajaron las escaleras, pero ni bien alcanzaron la planta baja, una alta figura masculina ocupó toda la abertura de la puerta de entrada. Tamara dio un paso atrás, obligando a Lilly a dar uno también. Lilly abrazó a la mujer por la cintura. —La he encontrado —anunció el gigante hacia el exterior antes de caminar hacia ellas. Tamara dio otro paso atrás, con la espalda apoyada en el pecho de Lilly, hasta que esta chocó con la escalera. No había a donde huir, y luchar contra aquel hombre sería una tarea imposible. Tamara lo habría intentado, pero para protegerla, Lilly se lo impidió apretándole la cintura. —¿Me buscan? —preguntó, valientemente. —A ti —aclaró el tipo—. Y a él. Lilly sabía que se refería a Josh. Esquivó a Tamara y se aproximó al sujeto. —Déjela ir —pidió por Tamara—. Ella no tiene nada que ver con esto. El sujeto mostró su dentadura podrida en una sonrisa socarrona. —Camina —ordenó. Tomó a Lilly del brazo y la arrastró hacia la salida, por donde ya ingresaba otro sujeto que se llevó a Tamara. Camino a la casa de Catherine y Charles, Lilly divisó más gente, un tercer hombre enfundado en un traje de marca. Tendría alrededor de cuarenta años, contextura física mediana y las manos muy cuidadas; además de los ojos azules más fríos que Lilly jamás había visto. Sólo en una fiesta… ¡Richard Hunt! Dentro de la casa, los dos grandotes apuntaron con sus armas a los Lahn, que reaccionaron con serenidad ante las amenazas por el bienestar de su hija, y los obligaron a sent en el piso de la cocina, como a Tamara. A Lilly, en cambio, la depositaron sobre una silla. Uno de ellos se quedó custodiando a los rehenes, mientras el otro custodiaba a la víctima. Richard se aproximó a la silla y se inclinó hacia ella. —¿Hablarás o tendré que obligarte? —le espetó. Lilly comprendió que por alguna razón todavía no la habían asesinado, y decidió aprovech de eso. Ante su silencio, Richard le jaló el cabello, echándole la cabeza hacia atrás. —¡Habla! —ordenó. —¿Por qué no hablas conmigo, si eres un hombre? —rugió Charles, y enseguida recibió un golpe por parte del gorila que lo custodiaba. Lilly intentó ponerse de pie, pero fue arrojada sobre la silla nuevamente con brusquedad. Entonces escupió el rostro a Hunt, quien le devolvió el favor con una bofetada. Lugo se irguió, extrajo un pañuelo de su bolsillo y se limpió el líquido que le rodaba por lamejilla. —Esperaremos —anunció. El helicóptero aterrizó en un campo vecino para evitar que Hunt y sus hombres se dieran cuenta de la estratagema y acabaran con la vida de los rehenes. En el camino, Tom había obligado a Josh a coloc un chaleco antibalas debajo del uniforme de la compañía de reparaciones y le había explicado cómo actuar ante Hunt, pero Josh ya sabía qué hacer. Fue el rato más largo de la vida de todos. Nadie hablaba, ni siquiera aquellos hombres. Por momentos Lilly sentía náuseas, pero las contenía muy bien para permanecer inexpresiva. Nunca había odiado a nadie, pero en ese momento un fuego interior le quemaba el pecho cada vez que miraba a Richard Hunt, en contraste con sus ojos fríos. Sin dudas Josh había descubierto algo que a aquel sujeto no le convenía, las fotografías o la lista de muertos… quizás por eso no la habían matado, porque la estaban buscando, pero se la había llevado Josh. En ese tiempo, había visto que uno de los grandotes había desaparecido, seguramente porque había buscado lo que era de su interés en la cabaña, pero como no había encontrado nada, regresó, habló al oído de Hunt y este masculló un insulto. Pasado ese tiempo, Richard dio un respingo. Lilly, que estaba de espaldas a la puerta trasera, percibió en la mirada de su padre, que se había dirigido hacia atrás de ella, y en los captores, que habían levantado los brazos sosteniendo sus armas, que alguien había llegado. —¡Estábamos esperándote, Mallory! —clamó Hunt. ¡Josh! Dos armas apuntaban a su cabeza, pero Josh no se inmutó. —Déjalos en paz —ordenó, refiriéndose a todos los que estaban en ese cuarto y que eran sólo víctimas del asunto—. Esto es entre tú y yo, porque sólo yo sé dónde está lo que quieres. Richard hizo un gesto desdeñoso. Como Josh percibió que no iba a ser tomado en serio, alzó la mano sosteniendo el teléfono celular, lo cual puso a ambos hombres de Hunt en alerta, pero Josh tampoco se inmutó. Hasta pudo sonreír. —No soy el único que tiene lo que buscas —dijo—. Le pegas un solo tiro a alguien en esta cocina y eres hombre muerto. Sólo tengo que presionar un botón. Richard sonrió. Los instantes se eternizaban en su mirada plomiza. —Qué pena que no vayas a hacer tiempo a apretar el botón. En una fracción de segundo, los dos ayudantes se dispusieron a disparar. Lilly, que había quedado en medio del blanco de las balas, se puso de pie sin pensarlo, pues de ese modo quedaría delante de su marido, pero este a su vez se lanzó sobre ella, arrojándola hacia un costado del cuarto. Ambos cayeron al piso, Josh sobre Lilly, consiguiendo su objetivo de protegerla con su cuerpo. Los ruidos de las balas ensordecieron a Lilly; temía que los secuestradores estuvieran disparando a su familia a diestra y siniestra, que Josh ya fuera un cuerpo muerto arrojado sobre el suyo. La oscuridad era intensa con el rostro pegado al piso frío de la cocina, y el ruido, verdaderamente temible. Esa cocina la había visto crecer, la había visto verter sus ilusiones la noche en que había emprendido un futuro con su marido. Un futuro que, de haber muerto él, había sido demasiado corto, mal aprovechado, doloroso. Nada dolería más que perderlo para siempre, no volver a verlo. Lilly pensó que había pasado mucho tiempo, pero apenas fueron segundos. Cuando Josh levantó la cabeza, vio a un secuestrador herido en el otro extremo de la cocina, a Richard deslizándose hacia el living. Entonces levantó el arma y disparó tres veces. Después de eso, la cocina quedó sumida en un silencio de muerte, mucho más aterrador que el ruido. Josh se había quedado quieto, sin entender bien lo sucedido, porque él no había disparado hasta ese momento, sin embargo todos los enemigos estaban heridos o muertos. Muertos, los había visto, el único que intentaba huir era Hunt, pero él lo había exterminado. Seguramente se había tratado de Tom y el FBI. Nunca había matado a un hombre hasta ahora. Ni bien tomó conciencia de ello, su mano comenzó a temblar y tuvo que arrojar el arma. Lilly. ¡Lilly! Se volvió hacia ella, que aún yacía bajo su pesado cuerpo, y le apartó el cabello de la cara. —¿Estás bien? —le preguntó—. ¿Te encuentras bien? Lilly hizo un movimiento afirmativo con la cabeza, en perfecto estado de shock. No sabía lo que podía encontrar cuando pudiera levantar la cabeza y mirar a su alrededor, ni estaba segura de querer ver. Al menos Josh estaba vivo, le había hablado. ¡Estaba vivo! —Estás vivo... —murmuró, entre lágrimas. Josh la besó en la frente. Cuando él la liberó de su peso, en lugar de alivio, ella sintió vacío y temor. Al levantar la cabeza y ver a sus padres con vida, tratando de restablecerse después del episodio vivido, se permitió respirar. Josh se puso de pie, extrajo una navaja de un bolsillo y se arrastró hasta Charles, a quien liberó primero de las sogas con las que les habían atado a ellos tres las manos. —Ayúdalas —le pidió, refiriéndose a las mujeres, mientras le dejaba la navaja sobre los muslos. Charles no emitió palabra, sino que obedeció la orden con rapidez y eficacia. Había visto a Josh arroj sobre su hija para protegerla con su vida. Había visto a Josh temblar de culpa tras haber matado un hombre. Cuando Josh se puso de pie, se encontró con una cocina distinta, fantasmagórica. Los agentes del FBI rodeaban los cuerpos que yacían tendidos por doquier. Otro se comunicaba por radio solicitando ambulancias. Tom se había arrojado junto a Tamara y la consolaba en su llanto. Más allá, con el cuerpo torcido y la espalda apoyada en la heladera, yacía su padre. Todo el cuerpo de Josh fue víctima de un sacudón violento. Se acercó como hipnotizado por su imagen envejecida y herida de muerte. Se arrodilló frente a él y lo miró a los ojos profundamente. —Tú… —murmuró—. Nos has protegido. Papá. Samuel Mallory tenía el aspecto de haber sido otro importante y temible hombre de negocios. Ahora, frente a la muerte, no era más que otro ser humano. —Ve. Y vive. Tras esas palabras, sus ojos se tornaron vidriosos y ya nunca se cerraron. La respiración cesó, la mirada se quedó ausente. Josh bajó la cabeza. —Tu esposo —dijo Charles a Lilly, quien apartó la mirada de Josh para dirigirla bruscamente a su padre—. Es inteligente. La declaración fue hecha en un tono medido y solemne, pero le bastó a Catherine para comprender el instante exacto en que su marido había comenzado a admirar a su yerno tanto como ella. Josh pareció suspenderse por un momento en otro mundo, hasta que la realidad lo golpeó de nuevo cuando un agente se llevó por delante su pie y tuvo que levant para permitirles hacer su trabajo. Regresó a Lilly, a quien tomó suavemente de la barbilla para estudiar el golpe que había recibido. —Te golpeó —reflexionó en voz alta, deseando no sentir culpa por haber matado al golpeador. —¿Lo conseguiste? —preguntó ella—. ¿Acaso lo recuperaste todo? Josh comprendió que Lilly sentía terror de que así fuera, de que a partir de ese momento ellos volvieran a ser el señor y la señora Mallory. Lilly temía perder a Josh de nuevo. —¿Lo querías? —preguntó él en respuesta. —No —aseguró ella—. Nunca. Él sonrió con pesar. —Lo suponía —confesó—. No lo tenemos todo, pero sí conseguí un millón de dólares, una computadora portátil y una conexión a Internet. Todos los que escuchaban, además de Lilly, lo miraron, creyéndolo demente. —No te preocupes —habló él a su esposa, ignorando a los demás—. Te lo explicaré luego. Tom hizo lo posible para que Lilly y su primo fueran los primeros en irse, aunque eso sucedió recién a las once de la noche.Adelanto del próximo capítulo: Si creían que ya estaba todo dicho, se equivocan. Aún queda un gran misterio por resolver, el único que puede liberar a Josh de sus cadenas para siempre. No se pierdan las últimas revelaciones de esta historia, prometo para la próxima entrega uno de los capítulos más conmovedores. ¡Saludos! (Capítulo 1)**No te olvides de dejar tu huella en "Comentarios"**¡Hasta la próxima!
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Då sätter vi igång. Jag har världens bästa recept på pizza deg. Ett recept som jag själv kommit på. Jag lovar och lägga ut det senare på bloggen. Min pizza är känd bland tjejerna och det var en önskan från dem. Min man älskar min pizza och det är så synd att han är hemma i sverige och inte får smaka. " baby ska lova och hålla av till dig om inte Natalie är sååå hungrig i dag haha " Jag hade tänkt och bjuda på Pakistansk mat, men min pizza är mer lockande haha. I kväll blir det pizza ...
Esta semana Wellyson Marlon, ex aluno da Escola Professor Lordão, foi surpreendido com um presente do poeta Ferreira Gullar: um de seus livros “ em alguma parte”. Wellyson é um amante da literatura brasileira e apaixonado pelas obras de Machado de Assis e Ferreira Gullar. Gullar é é poeta, crítico de arte, biógrafo, tradutor, memoralista, ensaísta e um dos fundadores do nwocontretismo.Na edição 2010 venceu o Prêmio Luís de Camões o mais importante prêmio literário da Comunidade de Países de ...
After feeling good at my skill in playing chess, I joined Chess Life, a global chess club that keeps up with your ranking among all players. They would send out a magazine on chess happenings around the world. Inside it would list chess tournaments all over and I searched for clubs near me that I could compete in a chess tournament. At the time, I lived in Arlington, TX after getting out of the Air Force. I found a club in Fort Worth that would allow non-members to play in their tournament and ...
Cubierta: El Retrato de Dorian GrayBien, dejaremos de lado a los vampiros por un momento, pero no al terror gótico que tanto nos gusta.El Retrato de Dorian Gray (The Picture Of Dorian Gray) es la única novela del irlandés Oscar Wilde publicada el 20 de Junio de 1890. En la historia, un reconocido pintor de nombre Basil Hallward se obsesiona con la belleza física del joven Dorian, de quien decide crear un retrato que resulta ...
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Esperemos que este Julio sea más tranquilo que el pasado junio, >>
